ALFONSO DOMINGUEZ DUQUE

‘Para saltar hay que nacer, eso se lleva en la sangre'

Alfonso Domínguez Duque, es un hombre bien plantado en la vida, y en su deporte. Plantado porque tiene ‘asiento' y eso le permite sortear los problemas que se presentan con el caballo, sin caerse, bueno aunque algunas veces, por más ‘asiento', el piso lo recibe. Y plantado en la vida como ingeniero civil y gerente del hotel Bogotá Plaza. Este bugueño, caleño por adopción y huérfano de madre a los tres años, y de padre a los 50, es un apasionado por la disciplina del salto. Desde muy pequeño en la finca de su padre, empezó a disfrutar del lomo de los caballos. Ya más grandecito montó en las ferias de Cali los ejemplares de su padre, para que él los vendiera. A pesar de pasearse con los caballos desde niño, advierte que el ‘asiento' es fundamental en los jinetes, y que su primer instructor Alberto Posada, le recito que cada vez que montaba aprendía el uno por ciento, es decir que se necesitaban cien montadas para poder ‘dominar' el caballo. Alfonso a los 42 años decidió saltar y empezó su camino por esta disciplina. Lleva 18 años, haciéndolo como un verdadero jinete, y se siente rejuvenecido, alegre y disfruta su deporte al máximo. No hay concurso donde él no este, luciendo su chaqueta roja y su sombrero colombiano. ‘Es barato, liviano y me encanta porque es cómodo, me gusta ponérmelo'. Advierte con orgullo Alfonso.

'El salto es un deporte para el orgullo'

‘Aquí no se sabe cuando se va a ganar, ni cuando se va a perder'. ‘Entre más seguro está uno de las cosas y cree que van a salir bien, es cuando peor le va, por confiado, y cuando se entra desconfiado y concentrado a la pista ahí le va bien'. Jinete de la categoría amateur 1,00 metro , sabe que a sus 60 años, lo único que tiene que hacer en su disciplina es disfrutar y llenarse de vitalidad cada vez que atraviesa una pista, aunque claro, también busca la victoria. No ha logrado muchos triunfos pero los recuerda con alegría. ‘Una vez en una competencia me caí dos veces en el padock, con ‘Juan Charrasqueado', a pesar de mi ‘asiento', y salí a la pista, era un reto para mí y no podía desfallecer en el intento'.'Entré nervioso, desconfiado y lleno de susto, pero realice los saltos uno a uno, concentrado y Salí victorioso'.

El salto es un deporte para el orgullo asegura Alfonso, pues ‘cuando el jinete se cree mejor que los demás, y que tiene mejor caballar, y que está saltando bien, ese día el caballo lo tira al piso, y se le bajan los humos'. Jinete de la Liga de Bogotá, experto en la vida, sabe que hay montadores que nacen con la capacidad para montar, y que otros pueden hacerlo hasta saciarse y no van a adquirir la capacidad de la monta. Dueño de dos caballos, ambos de raza argentina, con genes alemanes, ‘Tatabra Lucifer' y ‘Juan Charrasqueado', que son sus compañeros de aventuras y júbilos, y además cómplices por la pasión que lleva en la venas.

El salto le enseña a la juventud que siempre las cosas dependen de uno mismo, pero que se soportan en otras personas, y se deben poner de acuerdo para salir adelante, igual que en la equitación siempre los movimientos del jinete dependen del caballo. Como en la vida, nada se puede hacer sólo, ni tampoco, esperar que los demás hagan las cosas.

Casado, con tres hijos, y once hermanos, Alfonso continuará saltando hasta que las fuerzas se lo permitan. ‘Tal vez no sea el mejor en el salto, pero rejuvenece, cada vez, que supera un obstáculo'.

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